Artículo publicado en el periódico La Nación, en fecha 4 de mayo de 2010.
Autora: Lucrecia Bullrich
La “blogósfera K”, esa red de espacios virtuales desde los que se defiende al Gobierno y sus políticas, existe hace tiempo. La mayoría de los blogs que la integran nacieron hace algunos años, cuando Néstor Kirchner transitaba los últimos meses de su gestión y se preparaba para dejarle el lugar en la Casa Rosada a su mujer.
Pero el debate en torno a qué hay detrás de los “blogueros K” cobró temperatura en las últimas semanas, tanto como la dura disputa entre el Gobierno y una parte de los medios de comunicación masiva.
Uno de los ejes de la discusión tiene que ver con el financiamiento de esta forma de comunicación que está en expansión. Los blogueros K, ¿reciben financiamiento de algún tipo? ¿Necesitan dinero para subsistir?, ¿Cuánto peso tiene que la Casa Rosada se involucre directamente con ellos a través de sus funcionarios? Esos y otros interrogantes reaparecieron en la superficie hace unos días cuando Aníbal Fernández participó de una reunión con blogueros oficialistas en Parque Patricios.
“Todos los elementos que tenemos a la mano tenemos que usarlos para mostrarle a la gente cómo le mienten. ¿Nos van a amedrentar porque nos caguen a palos con una tapa? No somos perros para que nos corran con el diario”, arengó ante los hombres y mujeres que lo escuchaban atentos. Las imágenes de ese día lo muestran con una remera en la que ridiculizaba el logo de Clarín. “Me la acercó uno de los chicos y me la puse para una foto”, se excusó el jefe de los ministros unos días después.
“Hola Aníbal”. En los últimos días, Fernández volvió a comunicarse desde Internet. “Espero que me admitan como uno más y que pueda aportar todo lo posible para que nos vaya bien”. La frase cierra el video con el que el jefe de Gabinete ingresó formalmente al mundo blog con sello kirchnerista.
El pedido es una buena síntesis de cómo funciona la bautizada “blogósfera nacional y popular”, una red de más de 100 blogs que, desde el apoyo al Gobierno y sus políticas proponen una lectura “alternativa” de la realidad. Una comunidad en crecimiento, con sus códigos, lenguajes y normas no escritas, con integrantes que se conocen bien entre sí y que dedican mucho tiempo a dejar sentadas sus impresiones y comentar las del resto. Como cualquier espacio del mundo 2.0, la aceptación y la mutua recomendación son esenciales.
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