Ciberpoliticas

Marketing político. Construcción de imagen política en Internet y Nuevos Medios

Twitter, epicentro de batallas calientes

Los políticos argentinos en Twitter (Foto: Domenech)

Publicado en Diario La Nación, el 1ero. de octubre de 2010.
Web:
http://www.lanacion.com/
Autora: Lucrecia Bullrich

Nadie puede decir qué rumbo tomará el fenómeno, pero que Twitter está instalado como una nueva arena de comunicación política es a esta altura innegable. Pese a lo acotado de su alcance, el efímero y vertiginoso mundo de los 140 caracteres seduce a buena parte de la clase política local. Y no es para menos. Twitter permite decir en cualquier momento y desde cualquier lugar. Pero, sobre todo, permite emitir mensajes sin la incómoda mediación de la prensa, sin las preguntas y repreguntas de los periodistas, esos que, en la película del Gobierno, son los armadores por excelencia del “mundo virtual”, siempre más desagradable e ingrato que el “mundo real” del que le gusta hablar a Cristina Kirchner.

Mucho más que en semanas anteriores, en los últimos siete días buena parte de la discusión política pasó por mensajes entre concisos y lapidarios nacidos en monitores y celulares. La saga arrancó en una suite de un lujoso hotel de Manhattan. Desde allí, la Presidenta desplegó desde allí un copioso arsenal de críticas contra el juez que frenó la caducidad de la licencia de Fibertel. En el tono ácido y coloquial de sus mensajes algunos creyeron ver el estilo filoso de Héctor Timerman, el más activo entre los twitteros del Gobierno.

“El hombre que en Argentina maneja la sentencia fácil. A veces el humor es único antídoto contra la obscenidad judicial: la justicia cautelar”, lanzó la jefa del Estado. Hablaba de Elvio Segarra, el magistrado platense que falló en contra de la resolución oficial contra la empresa del grupo Clarín. Entre los mensajes enviados el domingo a la noche también hubo dardos para Héctor Magnetto. “Otra vez? Otra medida cautelar ¿Adiviná a favor de quién? ¿San Martín, Rosas o Magnetto, CEO de El Monopolio Clarín? Acertaste es Magnetto!!”, twitteó la jefa del Estado.

El límite de 140 caracteres demostró ser demasiado estrecho para la Presidenta, más acostumbrada, y decididamente más cómoda, cuando los discursos pueden discurrir libres de tiranías espacio temporales. Necesitó ocho mensajes para completar su razonamiento.

Menos de doce horas más tarde, Timerman reforzó las críticas de Cristina Kirchner. El destinatario de sus mensajes fue, también, el grupo Clarín. “¿Habrá una justicia de la democracia o una justicia de las corporaciones? ¿Podrá Clarín gobernar por intermedio de algunos jueces? Cada vez q el Parlamento y el Ejecutivo toman una medida q muestra la ilegalidad d Grupo Clarín el juzgado de algún pueblo ordena no innovar”, se quejó.

La otra gran disputa entre el Gobierno y el Poder Judicial que dominó la semana también registró sus capítulos más álgidos en Twitter. “Mienten descaradamente”, descargó Aníbal Fernández después de que la Corte Suprema denunciara un recorte de fondos y pérdida de autonomía para manejarlos. El jefe de Gabinete incluso acusó a los ministros del máximo tribunal de faltar a la verdad “sin cambiar de gesto ni ponerse colorados” y atribuyó esas características a “mentirosos con oficio”.

Minutos después, volvió sobre sus pasos. “No hablé de CSJN [la Corte], solo de ciertos personajes que dicen representarla y mienten descaradamente”, explicó también vía Twitter. Quedó claro: lo que se escribe en no más de 140 caracteres puede, más que aquello que se dice por vías tradicionales, quedar entrampado en la confusión y en las interpretaciones contradictorias.

Así, un debate complejo y de implicancias profundas, como lo son el funcionamiento de la Justicia y su independencia respecto del Poder Ejecutivo, quedó sepultado bajo la brevedad a veces tirana de Twitter.

Ni siquiera la arenga de Hebe de Bonafini contra los jueces de la Corte, definitivamente alejada de la lógica de los 140 caracteres y más emparentada con la de la plaza pública, quedó fuera del mundo Twitter. La virulencia de su ataque contra los jueces de la Corte (les dijo “turros”, los acusó de “recibir sobres” y llamó a “tomar los tribunales” si fallaran en contra de la ley de medios) enmudeció a los siempre solícitos voceros de la Casa Rosada. Cristina Kirchner enfrentó su primer atril post gira estadounidense no bien regresó a Buenos Aires, pero prefirió el silencio. Néstor Kirchner, que había festejado como un niño la seguidilla de tweets contra Segarra y Magnetto, no dijo nada.

La primera reacción oficial quedó condensada en 97 caracteres. “El eje del debate es Ley de Medios de la Democracia o Ley de la dictadura y no los dichos de Hebe”, dijo Timerman a través de la red social. Esta vez, los límites de Twitter fueron capitalizados por el Gobierno. Sin hacerlo directamente y lejos del énfasis que caracteriza sus intervenciones en la esfera de los discursos públicos, el canciller tomó distancia de las duras sentencias de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo. Sin desautorizar, puso paños fríos. Lecturas al margen, de algo no hay dudas: tener a Bonafini como aliada puede a veces volverse un bumerán. Y filoso.

La comunicación política es una construcción dinámica, elástica, jamás estable. Twitter ya demostró que puede irrumpir de lleno en la manera de producir y hacer circular la palabra política. Por lo pronto, gana espacio como una trinchera ideal. Pero vale preguntarse: ¿podría también volverse un bumerán?

Lucrecia Bullrich en Twitter: http://twitter.com/lbullrich

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